Fue en el siglo XIX cuando el médico húngaro Ignacio Semmelweis descubrió la importancia que el lavado de manos representaba como un medio para prevenir las infecciones causadas por gérmenes patógenos. Semmelweis observó la alarmante tasa de mortalidad de los pacientes en las salas de maternidad del hospital en el que laboraba. La mayoría de tales pacientes eran atendidos por estudiantes que practicaban en cadáveres durante sus clases de anatomía. El lavado de manos no era visto como una práctica higiénica necesaria, de modo que los gérmenes eran inadvertidamente transmitidos de los cadáveres a las madres parturientas vía las manos de los futuros doctores.

Semmelweis condujo entonces un experimento en el cual pidió a los estudiantes que lavaran sus manos después de la clase de anatomía, antes de ingresar a las salas de maternidad. Este simple hecho redujo en 80% la mortalidad de los pacientes.

Hoy en día se reconoce al lavado de manos como una práctica cotidiana de salud pública en general, sin embargo, en los países tercermundistas como el nuestro, aún no se ha tomado la debida conciencia de lo que ésta puede representar en el control de enfermedades causadas por virus, bacterias, parásitos y hongos. Estas enfermedades pueden ser desde gripas y catarros leves, hasta enfermedades intestinales serias como la salmonelosis o el cólera.

Tres son los escenarios más comunes que en los hogares podemos encontrar donde los gérmenes pueden ser transmitidos por manos contaminadas:

1.- De manos a alimentos: Cuando la persona que los cocina no se lava las manos o lo hace de manera inadecuada.

2.- De persona a persona: Por ejemplo en el saludo de manos, o en un cambio de pañales, en donde los gérmenes pueden ser transmitidos de un infante con diarrea a su madre, y esta a su vez puede contaminar a otros si no se lava las manos.

3.- De la nariz, los ojos o la boca: Los gérmenes que producen gripas, infecciones de ojos y otras enfermedades pueden transmitirse a través de las manos al taparse la boca al estornudar, toser o al tallarse los ojos, y posteriormente tocar a otros.

Siguiendo estos simples pasos usted puede evitar la diseminación de enfermedades infecciosas:

  • Lave sus manos con frecuencia.
  • Limpie y desinfecte las superficies que entran en contacto con usted y los suyos.
  • Maneje y cocine los alimentos de manera segura.
  • Sea precavido cuando entre en contacto con sus mascotas.

Para lavarse las manos de manera adecuada:

1.- Humedezca sus manos y aplique suficiente jabón.

2.- Frote sus manos vigorosamente, incluyendo entre los dedos. Hágalo durante 20 segundos. El jabón, combinado con la acción de frotamiento, permite el desprendimiento de la suciedad adherida a las manos.

3.- Enjuague sus manos con suficiente agua, evitando que queden rastros de jabón en ellas.

4.- Cierre la llave del agua utilizando un pedazo de papel, de modo que no la toque de nueva cuenta.

5.- De preferencia seque sus manos con papel desechable, en lugar de utilizar toallas de tela.

Cuando lavar sus manos:

  • Después de ir al baño.
  • Después de manejar animales.
  • Antes de ingerir alimentos.
  • Antes, durante y después de preparar alimentos.
  • Después de realizar algún tipo de limpieza.
  • Después de quitarse la ropa sucia o los zapatos.

 

En el caso de la imposibilidad de lavarse las manos, un sanitizante puede ser utilizado. Sin embargo hay que hacer notar que los sanitizantes son menos efectivos si las manos están muy sucias. Remover el exceso de suciedad hará que el sanitizante sea más efectivo.

Lo más recomendable es combinar el lavado de manos junto con el uso de un sanitizante, y no la sola utilización del sanitizante todo el tiempo.

Estudios han demostrado que, por ejemplo, en el caso de los sanitizantes a base de alcohol, su efectividad decrece tan solo después de 3 aplicaciones. La razón es que la alta cantidad de alcohol contenida en ellos remueve los aceites naturales de las manos, lo cual causa que se deshidraten y agrieten. Los gérmenes pueden permanecer atrapados en tales grietas.

Clean-Bacter es un sanitizante de manos cuyo principio activo, el glucopyranosyl o filiferina, es altamente efectivo contra una gran cantidad de gérmenes, además, su mínima cantidad de alcohol no reseca ni agrieta las manos de quien lo usa.